La larga travesía a Maun, Botswana

A la mañana siguiente bien temprano, a las 5 horas me recogió el taxi en la guest-house, para empezar mi travesía para llegar a Maun.

Enseguida localizamos el bus, era noche cerrada, la chica que había junto a la puerta me da una etiqueta para identificar mi mochila al meterla en el maletero. Qué serios, esto si que es organización!.

Pocos viajeros y yo la única blanca. Me miran, no debe ser una línea muy turística. En Detrás de mi, una chica de Gaborone que estudia en Sudáfrica me pregunta por le billete, hablamos un poco. Me dice que me ayudará con el taxi al llegar a la estación, porque muy erróneamente yo me pensaba que tardaba 6 horas y llegaba a pleno día y resulta que eran más de 10. Lógico a poco que uno se fije en el mapa.

Yo decido que no me quedaré en la capital y tomaré el tren nocturno a Francistown. Gaborone no tiene especial que merezca dedicar un día. Además llevaba rumiando el tema de coger el tren en África, aunque parece más lento que el bus, y éste era el momento. A la mañana cuando me dejara el tren en Francistown iría directa a la estación de autobuses y cogería el bus a Maun. Asunto zanjado ;-).

El viaje fue tranquilo, con varias paradas para estirar las piernas. En una de ellas suben tres niños blancos y muy rubios, parece que la madre los embarcaba en Namibia hacia Gaborone.

Teniendo la magnífica sabana a mi vera, me embarqué en la lectura de “Vagabundo en África” de Javier Reverte, al tiempo que disfrutaba del video del concierto de Winne Mashaba, un grupo sudafricano, con su público entregado a ese maravilloso ritmo de gospel negro. Un poco de historia de África destilada por Reverte, música que atrapa y la sabana africana….. Completo pack, solo interrumpido por el paso de la frontera y alguna parada técnica.

Al llegar a Gaborone eran las 19 horas, ya de noche, que es lo que menos me gusta cuando aterrizo en un lugar que no conozco. Afortunadamente hay una estación de autobuses y estaba muy animada. Llaman estación a una explanada con varias calles definidas con las paradas de los autobuses. La chica que se había ofrecido a ayudarme estaba con el señor con que había hecho migas durante el viaje, y aun así me acompañó a la zona de los taxis. Enseguida me seguían los taxistas. No tenía ni una pula, la moneda de botswana (1€= 9 pulas). Suerte que había un cajero cerca de la estación y pude tirar de tarjeta. Me di una vuelta por los cajeros por si había alguien sospechoso, pero no vi nada raro. Con pulas en mi bolsillo me decidí a coger un taxi. Varios taxistas me preguntaron que donde iba y les dije que a la estación de tren, que estaba según el plano a un kilómetro aprox. Pues no sé si era cosa de la pronunciación o que pero respondían como si les hubiera preguntado por el helipuerto. Finalmente voy a buscar a otros y cuando voy a entrar en un taxi, viene uno diciendo que tengo que ir con él. Por no liarla le hago caso. Y no me gustó. Me hacía preguntas raras, sobre donde iba. Yo perdía la paciencia y la orientación. Resulta imposible orientarse en estas ciudades construidas en horizontal, con vías que se cruzan unas con otras y con superficies sin construir. Me preguntó si había quedado con alguien, por supuesto que sí le dije, y me dice que si a esos amigos les podía avisar por teléfono. Uff, casi le digo que me pare allí mismo, en el arcén. Qué mal rollo!! Pero luego vi una indicación de centro ciudad y me tranquilicé. Me deja en la puerta de la supuesta estación. Aunque no veo nada que se parezca a una railway station, al menos veo un cartel que hace mención a ella. Todavía en el taxi, el tío me pregunta por el dinero de mi país, si tengo. Por supuesto que no, le digo. Me pregunta donde voy, le digo que a coger el tren a Francistown, cosa que ya le había dicho antes, y me dice que no hay tren. Qué liante, Dios! Qué ganas de quitármelo de encima, le pago y salgo pitando. Aun me sigue con el taxi por la calle diciendo que no hay tren. Lo ignoro. Aunque es de noche hay gente por la zona, cosa que me tranquiliza. La estación es tan mínima que la pasé de largo y me metí en un centro comercial. Los de seguridad no me respondían claramente a la pregunta de donde está la estación y volví a  desesperarme. Suerte que una chica me sacó de ahí y me llevó hasta la puerta. La estación era mínima y la sala de espera mínima y más que cutre. Nadie en la única ventanilla Me asomé al arcén, pues no había nadie en la única ventanilla, y solo había dos trenes de mercancías apostados allí. De repente viene un grupo de tres trabajadores muy amables, me preguntan y me explican que ya no hay tren nocturno ni diurno a Francistown. Ya no funciona la línea a de pasajeros. Ven mi desconcierto y me dicen que mañana tengo bus a Maun a las 5:30 horas de la mañana. Tengo que buscar alojamiento en este lugar sin infraestructura turística. Cojo otro taxi y vamos a la busca de un sitio que indica la guía. El taxista no tiene claro donde está el sitio y como es normal tanto aquí como en África no llevan planao. Pregunta a un par de personas hasta dar con uno que dice que ya no funciona la guest-house que buscamos y nos manda a otro sitio: Cutte Guest-House, dice que es de las más baratas. Me recibe Jofra, una chica muy joven que me enseña una habitación decente pero sosa y por la que me pide 220 pulas. Negocio pero ella es dura, aunque amable, y no me hace ningún descuento. No tengo opción, dice que ella me llamará al taxi para mañana y me quedo. La casa es rara, había un señor cuando llegué y luego ya no estaba. Mientras cenaba, llega una pareja sin equipaje, ella muy maja, me saluda, y se meten en una habitación, en fin, modos de picadero maybe…. Jofra es callada, le pregunto y me dice que nunca ha estado en el Delta del Okavango ni en Chobe, tiene dos maravillas a la vuelta de la esquina y no las conoce. Supongo que bastante tiene con trabajar. Debe ser muy joven, le pregunto si es la dueña y se ríe. Ella trabaja ahí y también parece que vive allí.

Pongo el despertador y en pleno sueño profundo suena la puerta. Es Jofra que me avisa de la hora. Y mi despertador? No había sonado. Efectivamente pues no había cambiado la hora y lo tenía una hora retrasado. Bendita Jofra! Me arreglo y salgo a la entrada, ella dormía en un colchón en medio del comedor. Ni siquiera en una de las camas de las habitaciones libres.

 El taxi se retrasa 10 minutos pero ha avisado a Jofra que está de camino. Viene un coche que de taxi no tiene nada, y va con una persona delante. Ufff, que pereza por no decir otra cosa! Le pregunto si es un taxi, me dice que si, que le acompaña su madre que ha ido a llevarla al hospital. Todo ok. El conductor me da conversación y me explica los sitios del centro por los que vamos pasando. Me deja junto al bus que va para Maun, pero llega el problema del pago. No tiene cambio, y me lía con la devolución del billete. Debo de tener a parte de pinta de turista cara de tonta, porque todos los taxis que he cogido han intentado quedarse con el cambio. Es el único peligro que veo tiene coger taxi en Gaborone.

Mi mochila pasa a las manos de alguien que la sube al bus y la coloca en las estanterías de arriba. Sorprendentemente el hombre no me pide propina.

Al salir de la estación aun hace alguna parada el bus para recoger a gente que llega tarde. Adoro la flexibilidad de este sistema.

Veo un par de blancos en el bus, con pinta de mochileros. El resto negros. El bus es viejo pero aceptable. Me duermo pronto y se va llenando en las distintas paradas que hace en el recorrido, en mi asiento de tres íbamos dos y un hueco en medio y ahora el chico con buenas espaldas se ha puesto en medio y apenas puedo moverme. Cuando empiezo a despertar es ya de día pero temprano, las estaciones en las que paramos están animadas. Me encantan las estaciones de estos países, me recuerdan a Asia. Por el día llenas de animación, las mujeres con cestas en la cabeza y en la cadera,  cargadas de plátanos, chucherías, bebidas, suben al bus, se intercalan entre los pasajeros que bajan con una facilidad pasmosa y a vender. La gente les compra, yo por ahora no, les sonrío y les digo “sorry” y ellas me devuelven la sonrisa, menos una que me riñe diciendo que menos sorry y que contribuya más a su negocio. Qué genio, jajajaj! Lo siento de nuevo, le digo.

Viajan varios niños en el bus y bien pequeños. Siempre me llama la atención lo bien que se portan en trayectos tan largos y pesados como este de 10 horas. Tengo a la izquierda uno precioso y supersonriente. Juega conmigo y con mis gafas. La madre es muy joven y está embarazada. Me deja hacerle unas fotos y el niño alucina viéndose.

El viaje se hace largo, a ratos el libro, a ratos la guía, a ratos observo a la gente, pero siempre a mi derecha el paisaje de África. Mayoritariamente sabana aunque hay un tramo que me recuerda al paisaje de Opuwo con esos árboles tornasolados entre rojo, amarillo y marrón. Y luego un terreno entre sabana y desierto, adornado con arbolillos arbitrariamente ubicados, algunos con copas pluscuamperfectas.

En la parada de Rakkops de repente una especie de tormenta de polvo, que nubla todo. Durante todo el camino, en todos los paisajes, se ven terneras, hasta en los terrenos más inhóspitos. Justamente en estas zonas se ven muchas chozas de adobe y niños por la calle descalzos, debe ser pobre área, no sé que comerán, ¿qué producto puede cultivarse en estas áridas tierras? Al menos carne tienen, espero.

Nos hacen bajar en un punto de control un poco absurdo. Hay que bajar con la bolsa, pero la mitad de las mochilas y bolsas grandes se quedan en el bus. Se trata del control veterinario, donde no sé permite pasar carne de un punto a otro para que las posibles enfermedades de los animales salvajes no enfermen a la ganadería, una de las riquezas del país, junto al turismo y los diamantes.

La gente es amable, las mujeres sonríen más que los hombres, al menos a mí. Me encanta como se pasan los críos en la cola del baño para que las madres puedan entrar. Los niños no protestan de pasar a otras manos desconocidas por el pequeño intervalo.

Cuando mi vecina con el niño sonriente en brazos y ya cansado y dormido, hace ademán de moverse para bajar, le digo si necesita ayuda, me dice que sí y me pasa al crío, ella va recogiendo las bolsas y yo me bajo a esperarla encantada de poder ayudarle así. El crio se despierta, me mira y no dice nada. Creo que lo entiende todo.

Por fin Maun, son las 16 horas y al llegar a la estación de autobuses acuden los taxistas a recibirnos. Los otros blancos se suben a un vehículo corporativo, parece que los han recogido los guías de un safari. Yo paso de taxi, me voy a buscar la combi y como en mis mejores tiempos en Asia, me monto en la pequeña furgonetilla, en el asiento de atrás. Milagrosamente entro con mis mochilas y además entrán 3 personas más. Todos bien apretados, pero no pasa nada, es otra de las cosas admirables de esta gente, como en Asia, donde caben 3 caben 5, flexibilidad total, y nadie protesta, si no todo lo contrario sonríen como diciendo: tranquila, no te preocupes vamos bien.

Me dejan en un cruce y tengo que andar un kilómetro hasta dar con mi objetivo: El Old Bridge Backpackers, una guest-house que pinta bien. Se ha hecho de rogar alcanzarlo, muchas horas de tránsito, pero el lugar lo compensa sobradamente. Estoy eclipsada!!. Tengo cama en dormitorio por un precio muy asequible para ser Maun: 155 pulas (lo que equivale a unos 17 €) y desde mi cama se ve un magnífico río rodeado de vegetación. El paisaje es precioso y las pequeñas construcciones son de madera muy integradas. Las duchas al aire libre, entre cañas. En lugar de puerta y pestillo una cuerda significa “ocupado” ;-). Me digo nada más llegar: Mañana me quedo todo el día de relax en este sitio. El día pendiente de Windhoek!. A la primera lo incumplo pues al preguntar por las excursiones al Okavango me dicen que justamente la de Moremi sale mañana con 4 personas más. Ya sabéis lo difícil y caro que es encontrar algo para un solo viajero, así que no puedo dejar pasar la oportunidad. Así que mañana, viajer@s, embarcamos hacia el fotografiado Okavango!! Sin duda promete!!

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