El singular Skizcope

Skizcope es un paisaje absolutamente singular en Namibia. Lo forman unas montañas que sumando rocas alcanzan los 1.728 metros, destacando notablemente sobre las amplias y polvorientas planicies.

A los pies de las montañas hay un camping. Bueno, realmente una recepción y una parcelación de zonas para acampar. El lugar es enorme y salvaje, pura naturaleza!. La  mínima infraestructura es una sencilla e integrada letrina en cada área de acampada, lo único que lo diferencia de un lugar de acampada libre. A parte de un par de vehículos alejados de nuestro camp site, éramos los únicos. Skizcope no es tan turístico como Sossusvlei o Etosha, lo cual lo hace más especial.

Las rocas son tan perfectas que parecen un decorado de cartón-piedra. Asombra el contraste del color de la piedra con el limpio e intenso azul del cielo. Es magnífico!!

Después de instalarnos, comer, descansar, y explorar las rocas de nuestro espacio, escalamos el Bush Paradise que es una de los puntos obligados de estas montañas. Tras escalar la roca de gran pendiente nos encontramos con unas pinturas rupestres de animales (mayoritariamente rinocerontes) en muy mal estado de conservación. Si no es porque el guía nos acompaña igual nos pasan desapercibidas, estaban tan difuminadas que ni siquiera la cámara las captaba. Prestamos mayor atención a la maravillosa vista y a las fantásticas rocas.

       

A volver al camping ya anochecía. Aggies comenzó a preparar la cena. Aggies es un negro grande y callado. Trabajó como guía en Tenna Tours pero se lo dejó hace años. Ahora trabaja en un taller y Jeffrey el dueño le llamó para continuar nuestro itinerario. No tiene madera de guía, no es nada comunicativo y parece que le cuesta moverse, pero entendemos que a nadie le viene mal unos ingresos extras y por eso está aquí. Cuesta arrancarle una sonrisa aunque de vez en cuando ocurre. De su vida sabemos poco, solo que también vive en Katutura, como era de esperar y parece ser que tiene al menos una niña, pues tiene su foto en el móvil.

Por la noche nos subimos a las rocas, tumbados arriba alcanzábamos prácticamente la totalidad del cielo pudiendo admirar la barbaridad de estrellas que pueblan este increíble cielo del hemisferio sur.

Al día siguiente desmontaje y a continuar hacia el norte. Al salir del camping paramos en una especie de pueblecito, que no era más que un conjunto de chozas con algunos humildes puestos de artesanía. Se veía pobre y polvoriento.  No sé de qué vivirán estas gentes en unas tierras tan inhóspitas y con tan pocos turistas. Enseguida salieron de la nada corriendo un grupo de niños descalzos y se acercaron al coche pidiendo algo de comida. El guía enseguida les dio unas galletas y la preciosa niña, agradecida, me ofreció esta estupenda pose.

 

 

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